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martes, 15 de septiembre de 2009

Poesía Social


La poesía social


Poesía social es el nombre con el que se conoce un movimiento poético español de los años 1950 y 1960 caracterizado por la denuncia de las condiciones políticas y la reivindicación de la libertad.
Este movimiento nace en los años 1950 en España, cuando las cicatrices de la Guerra Civil Española (1936-1939) no se han cerrado. A resultas de aquel conflicto se instaura en el país una dictadura (1939-1977) regida por el general Francisco Franco hasta su muerte en 1975.

El franquismo se traduce en una fuerte represión sobre los vencidos en su primera década, así como un régimen aislado y replegado sobre sí mismo, ya que los aliados de Franco durante la guerra, Adolfo Hitler y Benito Mussolini, fueron los derrotados en la II Guerra Mundial. Pero en la década siguiente se producirá una cierta apertura, por el acercamiento de los Estados Unidos de América dada la importancia estratégica de España. Así, tras el periodo conocido como los años perdidos (1939-1954) vendrá el fin de la autarquía, el aperturismo y el desarrollo económico.

La poesía social convive con una Ley de prensa muy restrictiva, redactada en 1938 y vigente hasta 1966, ley que permite la censura previa. Todo lo escrito ha de pasar por un censor antes de su publicación. Las reivindicaciones de libertad de los integrantes del movimiento habrán de pasar por la mesa de los funcionarios del régimen, que no dudarán en mutilar o condenar a la no publicación las obras no afectas al régimen.

La poesía social tendrá un importante peso sobre la cultura española tanto de finales del Franquismo como de la Transición.

Los integrantes de este movimiento ven la poesía como un instrumento para intentar cambiar el mundo, denunciar la realidad que les rodea y concienciar a sus lectores de la injusticia social. La poesía social busca la defensa de los débiles y desamparados.[1]

Un precedente importantísimo fue la revista Espadaña (1944-1951), en la que publicaron nombres como César Vallejo, Pablo Neruda o Blas de Otero. Desde ella se quiso recoger la vanguardia que se había cultivado en la España de la República y años anteriores, con el exponente de la Generación del 27 y oponerse a una corriente más clasicista y afecta al régimen del general Franco

Características

* Verso libre
* Se plantean problemas que afectan al hombre.
* Se centraliza más en lo épico.
* Suele utilizarse como método de denuncia, testimonio o protesta.


miércoles, 26 de agosto de 2009

La Oda

La Oda es un poema lírico de estructura muy desarrollada dedicado a una persona de alta alcurnia, a un objeto, o a un concepto abstracto. Antiguamente se cantaba con el acompañamiento de un instrumento musical. En la Antigua Grecia donde tiene sus principios, existían dos tipos de odas: las corales y las cantadas por una sola voz (monodia).

Píndaro no cantó con ella sino la gloria de los dioses, de los héroes y de los atletas. Alceo celebró ya las virtudes militares y a los guerreros; Safo, a los amantes y el amor; Anacreonte se sirvió de ellas para aplaudir los placeres de la mesa y del amor. Imitando Horacio el estilo de este último poeta y mezclándolo con el de Píndaro, se formó entre los latinos un estilo del todo particular en el que descolló Horacio.

En la poesía castellana cultivaron este género Fray Luis de León, Garcilaso de la Vega, Herrera, Quintana, Cienfuegos, Juan Nicasio Gallego, Espronceda, etc. y en la poesía catalana es célebre la oda a la patria, de Buenaventura Carlos Aribau.

Son famosas a su vez las odas de Ronsard, Víctor Hugo y Théodore de Banville en Francia, Abraham Cowley y John Gay en Inglaterra, Klopstock en Alemania, Manzoni y Bernardo Tasso en Italia y José Joaquín de Olmedo en Ecuador.

Modernamente, destacan José Martín, Pablo Neruda, y un sin fin de autores utilizan este género en sus composiciones.


ODA A LOS NÚMEROS

Qué sed
de saber cuánto!
Qué hambre
de saber
cuántas
estrellas tiene el cielo!

Nos pasamos
la infancia
contando piedras, plantas,
dedos, arenas, dientes,
la juventud contando
pétalos, cabelleras.
Contamos
los colores, los años,
las vidas y los besos,
en el campo
los bueyes, en el mar
las olas. Los navíos
se hicieron cifras que se fecundaban.
Los números parían.
Las ciudades
eran miles, millones,
el trigo centenares
de unidades que adentro
tenían otros números pequeños,
más pequeños que un grano.
El tiempo se hizo número.
La luz fue numerada
y por más que corrió con el sonido
fue su velocidad un 37.
Nos rodearon de números.
Cerrábamos la puerta,
de noche, fatigados,
llegaba un 800,
por debajo,
hasta entrar con nosotros en la cama,
y en el sueño
los 4000 y los 77
picándonos la frente
con sus martillos o sus alicates.
Los 5
agregándose
hasta entrar en el mar o en el delirio,
hasta que el sol saluda con su cero
y nos vamos corriendo
a la oficina,
al taller,
a la fábrica,
a comenzar de nuevo el infinito
número 1 de cada día.

Tuvimos, hombre, tiempo
para que nuestra sed
fuera saciándose,
el ancestral deseo
de enumerar las cosas
y sumarlas,
de reducirlas hasta
hacerlas polvo,
arenales de números.
Fuimos
empapelando el mundo
con números y nombres,
pero
las cosas existían,
se fugaban del número,
enloquecían en sus cantidades,
se evaporaban
dejando
su olor o su recuerdo
y quedaban los números vacíos.

Por eso,
para ti
quiero las cosas.
Los números
que se vayan a la cárcel,
que se muevan
en columnas cerradas
procreando
hasta darnos la suma
de la totalidad del infinito.
Para ti sólo quiero
que aquellos
números del camino
te defiendan
y que tú los defiendas.
La cifra semanal de tu salario
se desarrolle hasta cubrir tu pecho.
Y del número 2 en que se enlazan
tu cuerpo y el de la mujer amada
salgan los ojos pares de tus hijos
a contar otra vez
las antiguas estrellas
y las innumerables
espigas
que llenarán la tierra transformada.

Pablo Neruda






lunes, 10 de agosto de 2009

Elegía

Las elegías como yo personalmente las entiendo son algo así como las lágrimas de un poeta desplegadas en un verso. El dolor de explicar como se ha destrozado el corazón por algo más que un amor, pero, veamos como lo definen.


La Elegía es un subgénero de la poesía lírica que designa por lo general a todo poema de lamento, aunque en su origen no era necesariamente así, como demuestran las elegías de los poetas griegos arcaicos. La actitud elegíaca consiste en lamentar cualquier cosa que se pierde: la ilusión, la vida, el tiempo, un ser querido y un largo etcétera. La elegía funeral (también llamada endecha o planto, en la Edad Media) adopta la forma de un poema de duelo por la muerte de un personaje público o un ser querido, y no ha de confundirse con el epitafio o epicedio, que son inscripciones ingeniosas y lapidarias que se inscribían en los monumentos funerarios, más emparentados con el epigrama, otro género lírico.

En la literatura española destacan como elegías:

* Coplas por la muerte de su padre (Jorge Manrique).
* Platero y yo (Juan Ramón Jiménez)

* Llanto por Ignacio Sánchez Mejías (Federico García Lorca).

* Elegía a Ramón Sijé (Miguel Hernández).

* Elegía ininterrumpida (Octavio Paz).
* Rusticatio Mexicana (Rafael Landívar).

* Réquiem por Mariela (Diego de Santis).

* Requiem (Humberto Díaz-Casanueva)

Destaca en la literatura ecuatoriana el llamado "Boletín y Elegía de las Mitas" del cuencano César Dávila Andrade, verdadera joya de denuncia y dolor ante el tormento del indígena en estas instituciones.

En la literatura clásica destacan como autores de elegías:


Griegos

* Solón de Atenas
* Teognis de Mégara
* Mimnermo de Colofón

* Calino de Éfeso

* Tirteo de Esparta
* Semónides de Amorgos


Latinos

* Tibulo
* Ovidio

* Propercio


Muestras de elegías


Elegía interrumpida
Octavio Paz

Hoy recuerdo a los muertos de mi casa.
Al primer muerto nunca lo olvidamos,
aunque muera de rayo, tan aprisa
que no alcance la cama ni los óleos.
Oigo el bastón que duda en un peldaño,
el cuerpo que se afianza en un suspiro,
la puerta que se abre, el muerto que entra.
De una puerta a morir hay poco espacio
y apenas queda tiempo de sentarse,
alzar la cara, ver la hora
y enterarse: las ocho y cuarto.

Hoy recuerdo a los muertos de mi casa.
La que murió noche tras noche
y era una larga despedida,
un tren que nunca parte, su agonía.
Codicia de la boca
al hilo de un suspiro suspendida,
ojos que no se cierran y hacen señas
y vagan de la lámpara a mis ojos,
fija mirada que se abraza a otra,
ajena, que se asfixia en el abrazo
y al fin se escapa y ve desde la orilla
cómo se hunde y pierde cuerpo el alma
y no encuentra unos ojos a que asirse...
¿Y me invitó a morir esa mirada?
Quizá morimos sólo porque nadie
quiere morirse con nosotros, nadie
quiere mirarnos a los ojos.

Hoy recuerdo a los muertos de mi casa.
Al que se fue por unas horas
y nadie sabe en qué silencio entró.
De sobremesa, cada noche,
la pausa sin color que da al vacío
o la frase sin fin que cuelga a medias
del hilo de la araña del silencio
abren un corredor para el que vuelve:
suenan sus pasos, sube, se detiene...
Y alguien entre nosotros se levanta
y cierra bien la puerta.
Pero él, allá del otro lado, insiste.
Acecha en cada hueco, en los repliegues,
vaga entre los bostezos, las afueras.
Aunque cerremos puertas, él insiste.

Hoy recuerdo a los muertos de mi casa.
Rostros perdidos en mi frente, rostros
sin ojos, ojos fijos, vaciados,
¿busco en ellos acaso mi secreto,
el dios de sangre que mi sangre mueve,
el dios de yelo, el dios que me devora?
Su silencio es espejo de mi vida,
en mi vida su muerte se prolonga:
soy el error final de sus errores.

Hoy recuerdo a los muertos de mi casa.
El pensamiento disipado, el acto
disipado, los nombres esparcidos
(lagunas, zonas nulas, hoyos
que escarba terca la memoria),
la dispersión de los encuentros,
el yo, su guiño abstracto, compartido
siempre por otro (el mismo) yo, las iras,
el deseo y sus máscaras, la víbora
enterrada, las lentas erosiones,
la espera, el miedo, el acto
y su reverso: en mí se obstinan,
piden comer el pan, la fruta, el cuerpo,
beber el agua que les fue negada.
Pero no hay agua ya, todo está seco,
no sabe el pan, la fruta amarga,
amor domesticado, masticado,
en jaulas de barrotes invisibles
mono onanista y perra amaestrada,
lo que devoras te devora,
tu víctima también es tu verdugo.
Montón de días muertos, arrugados
periódicos, y noches descorchadas
y amaneceres, corbata, nudo corredizo:
"saluda al sol, araña, no seas rencorosa..."

Es un desierto circular el mundo,
el cielo está cerrado y el infierno vacío.


Elegía de Miguel Hernández, cantada por Serrat


lunes, 6 de julio de 2009

La sinalefa



La sinalefa es la pronunciación en una sola silaba de la vocal final de una palabra y la vocal inicial de la siguiente. En los textos en verso, la sinalefa afecta a la medida del verso, disminuyendo el número de sílabas del mismo. Así, por ejemplo, en el endecasílabo de Garcilaso de la Vega:

Los cabellos que al oro oscurecían


Nótese que la sinalefa se diferencia de la elisión por conservar el timbre de las dos vocales mientras que en la elisión se suprime uno de los sonidos vocálicos.

En el siguiente verso se puede apreciar claramente el uso de la sinalefa para hacer versos de menor tamaño.


Salve al pueblo que intrépido y fuerte
a la guerra morir se lanzó
cuándo en bélico reto de muerte
sus cadenas de esclavo rompió.


En la pronunciación debería escucharse así:


Salveal pueblo queintrépidoy fuerte
a la guerra morir se lanzó
cuándoen bélico reto de muerte
sus cadenas deesclavo rompió.

miércoles, 17 de junio de 2009

Los caligramas

Los caligramas están en el tipo de poesía para mirar. En los caligramas, el poeta dibuja un objeto relacionado al tema principal de este. Por ejemplo, si el poema habla de un castillo, se escribe el texto en forma de un castillo, aunque en ocasiones se da el caso de simples poemas visuales escritos en cierta forma o dibujo que no está relacionado con el caligrama.



El poeta vanguardista francés Guillaume Apollinaire fue un famoso creador de caligramas. El poeta chileno Vicente Huidobro ya había incluido su primer caligrama, Triángulo armónico, en su libro Canciones en la Noche (1913). Con Apollinaire, los caligramas se ponen de moda en las primeras décadas del siglo XX.

La literatura hispánica cuenta con interesantes autores de caligramas, entre otros, el mexicano Juan José Tablada, el cubano Guillermo Cabrera Infante, el argentino Oliverio Girondo o el uruguayo Francisco Acuña de Figueroa. En la literatura catalana destácan Joan Salvat-Papasseit y Joan Brossa

No obstante, hay muchos ejemplos de caligramas en muy distintas culturas de la antigüedad, entre otras la hindú o la helenística griega.

Los primeros caligramas conocidos pertenecen a los poetas griegos del periodo helenístico (siglo IV-III a. C.) La fórmula se llama "technopaegnia" y en latin "Carmina sexosa". Desde esos primeros autores, Simias de Rodas, Teócrito, Dosiadas, hasta el siglo XX, esta forma poética ha tenido un tratamiento continuado, aunque desigual, con periodos de auge, como el que experimenta desde el inicio de la vanguardia y, sobre todo, la llamada `poesía visual o experimental. Algunos de los principales estudiosos del tema han sido J. Peignot (Du Calligramme),P. Massin (La lettre et l'Image), o Rafael de Cózar (Poesía e Imagen) en España.


viernes, 12 de junio de 2009

LA SÁTIRA

La sátira es un subgénero lírico que expresa indignación hacia alguien o algo, con propósito moralizador, lúdico o meramente burlesco. Se escribe en prosa o verso o alternando ambas formas (sátira menipea).

Estrictamente la sátira es un género literario, pero también la encontramos en las artes gráficas y escénicas. En la sátira los vicios individuales o colectivos, las locuras, los abusos o las deficiencias se ponen de manifiesto por medio de la ridiculización, la farsa, la ironía y otros métodos; ideados todos ellos para lograr una mejora de la sociedad. Aunque en principio la sátira está pensada para la diversión, su propósito principal no es el humor en sí mismo, sino un ataque a una realidad que desaprueba el autor, usando para este cometido el arma de la inteligencia.

Es muy común, casi definiendo su esencia, que la sátira esté fuertemente impregnada de ironía y sarcasmo; además la parodia, la burla, la exageración, las comparaciones, las yuxtaposiciones, la analogía y las dobleces son usados de manera frecuente en el discurso y la escritura satírica. Lo esencial, sin embargo, es que "en la sátira la ironía sea militante".La ironía militante a menudo declara abiertamente que acepta las situaciones que son blanco del ataque de la sátira.

¿Cómo surgió?

Surge en Grecia con los yambógrafos Semónides de Amorgos y Arquíloco de Paros principalmente, aunque también el comediógrafo Aristófanes la incluyó en sus obras, y se acercaron a ella el poeta Bión y filósofos de Escuela cínica como Menipo de Gadara a través del género literario de la diatriba o discurso violento e injurioso para criticar personas o acontecimientos desde el punto de vista moral. Luciano de Samosata dio un gran impulso al género a través de sus diálogos (Diálogos de los muertos, Diálogos de los Dioses, Diálogos de meretrices...) que admiten la sátira como elemento fundamental en su fuente, estructura e intención; sin embargo, el género se desarrolla fundamentalmente en Roma (Ennio, Lucilio, Varrón, Catulo, Horacio, Juvenal, Persio, Marcial, por orden cronológico). Tanto es así, que Marco Fabio Quintiliano consideraba a la sátira como un género completamente romano (Institutiones X, 1, 9: «satura quidem tota nostra est». Así pues, se trata de una composición extensa con la que se critican o ridiculizan vicios humanos. Puede adoptar las formas más diversas, desde la invectiva, el diálogo, la prosa, el verso, el epigrama, el artículo periodístico...


Estilo

La sátira se suele valer del humor, de la anécdota y del ingenio para ridiculizar defectos sociales o individuales, efectuando así una crítica social; a veces adopta para ello la forma más concentrada del epigrama, que expresa un solo concepto y un único tema de burla; por el contrario, la sátira suele ser mucho más extensa y prolija. Existe una gran variedad de temas, desarrollos y tonos, pero son recursos habituales en la sátira:

* La reducción de alguna cosa para hacerla parecer ridícula, o examinarla en detalle para hacer destacar sus defectos.
* La exageración o hipérbole: se toma una situación real y se la exagera hasta tal punto que se convierte en ridícula. La caricatura utiliza esta técnica.
* La yuxtaposición que compara cosas disímiles: el ayer y el hoy, la juventud y la vejez, etcétera, de forma que una adquiere menor importancia.
* La parodia o imitación burlesca de las técnicas o estilo de una persona, de forma que se vea ridiculizada.

La sátira en síntesis es una composición literaria en la que se realiza una crítica de las costumbres y de las conductas deshonestas de individuos o grupos sociales, con un fin moralizador, burlesco o de simple diversión. En ella, los personajes están presentados como seres de carne y hueso no como tipos.


PODEROSO CABALLERO ES DON DINERO

...Nace en las Indias honrado,
donde el mundo le acompaña;
viene a morir en España,
y es en Génova enterrado.
Y pues quien le trae al lado
es hermoso, aunque sea fiero,
poderoso caballero
es don Dinero...

Mas ¿a quién no maravilla
ver en su gloria sin tasa
que es lo menos de su casa
doña Blanca de Castilla?
Pero, pues da al bajo silla
y al cobarde hace guerrero,
poderoso caballero
es don Dinero...

Quevedo


martes, 26 de mayo de 2009

El verso libre

El verso libre es la forma de expresión poética que se caracteriza por su alejamiento intencionado de las pautas de rima y metro que predominaron en la poesía europea hasta finales del siglo XIX. Por tanto, es una forma muy próxima al poema en prosa y la prosa poética, de los que se distingue visualmente por conservar la disposición tipográfica en líneas sangradas propia del verso.


El verso libre nace en la segunda mitad del siglo XIX como alternativa a las formas métricas consagradas por la tradición, como el soneto y la décima. El primer poeta notable que lo practica es Walt Whitman, que se inclina por un tipo de verso irregular de gran extensión (el versículo), inspirado en la versión inglesa de la Biblia (la llamada Biblia del rey Jaime). Algunos poetas simbolistas franceses, como Gustave Kahn y Jules Laforgue, que lo introdujeron en Francia, adaptan esta forma de expresión a sus necesidades, separándose así del preciosismo parnasiano, cuyas formas sienten agotadas. Stéphane Mallarmé resume así su postura:

Asistimos ahora a un espectáculo verdaderamente extraordinario, único, en la historia de la poesía: cada poeta puede esconderse en su retiro para tocar con su propia flauta las tonadillas que le gustan; por primera vez, desde siempre, los poetas no cantan atados al atril. Hasta ahora –estará usted de acuerdo- era preciso el acompañamiento de los grandes órganos de la métrica oficial. ¡Pues bien! Los hemos tocado en demasía, y nos hemos cansado de ellos.

En la concepción simbolista, el verso libre no supone una pérdida de la musicalidad del poema, sino un enriquecimiento de la misma, al preferirse el ritmo sutil y complejo al compás monótono del verso tradicional. Años más tarde, Luis Cernuda retoma esta argumentación:

Si en el verso hay música, mi preferencia se orientó hacia la «música callada» del mismo.

En la poesía española, el verso libre cobra por primera vez importancia en el Diario de un poeta recién casado de Juan Ramón Jiménez. A partir de entonces, se consolida como forma de expresión común en la generación del 27 y siguientes. En los últimos años, el cansancio del versolibrismo ha producido una reacción significativa de regreso al verso medido (rimado o blanco), notoria en la producción de autores como Luis Alberto de Cuenca, Luis García Montero o Miguel Ángel Velasco.

Con independencia de dicho cansancio, las reticencias contra el verso libre de autores como Antonio Machado y Agustín García Calvo se centran en dos aspectos:

* con demasiada frecuencia, se llama verso libre a lo que no es sino prosa presentada visualmente de forma equívoca.

* la libertad a la que alude el término no debe entenderse como despreocupación de la musicalidad, que es condición constitutiva del verso. Es célebre la advertencia en este sentido de Machado:

Verso libre, verso libre,
líbrate mejor del verso
cuando te esclavice.


viernes, 15 de mayo de 2009

Rimas



Hablamos mucho de ellas pero ¿qué son las rimas?



Una rima (del latín rhythmus y éste del griego rythmós) es la repetición de una secuencia de fonemas o sonidos al final del verso a partir de la última vocal acentuada, incluida ésta.

Si la repetición es de todos los fonemas a partir de dicho límite, se denomina rima consonante; por ejemplo, en "Todo necio / confunde valor y precio" (Antonio Machado), la rima es consonante en -ecio, porque desde la última vocal acentuada todos los fonemas coinciden.

Si la repetición es sólo de las vocales a partir de dicho límite, entonces se habla de rima asonante, como por ejemplo en "Más vale pájaro en mano / que ciento volando". A efectos de la rima asonante, la u postónica se considera equivalente a la o, y la i equivalente a la e: así "Venus" rima con "cielo" y "símil" con "quince". En las palabras esdrújulas, sólo se toman en cuenta la vocal tónica y la de la sílaba final: por tanto, "súbito" rima con "turco" en ú-o.

La rima consonante es más difícil que la asonante, porque ofrece menos libertad y posibilidades de combinación; por eso se suele utilizar en periodos refinados y cortesanos de la Historia de la literatura; la asonante, por el contrario, permite más libertad de opción y combinación y por eso ha sido el mecanismo preferente de la lírica tradicional o popular.

La clasificación o subdivisión expuesta de los diferentes tipos de rimas, en especial las asonantes, es una de las varias existentes. Los criterios a aplicar difieren según los autores. Hay quienes agregan una rima asonante que consiste en que solamente la vocal tónica coincide. Otro aspecto importante a mencionar es que la rima es una cuestión esencialmente fonética, por lo cual se debe considerar consonante o no según la pronunciación de ambas palabras en la región. Por ejemplo, en la zona rioplatense son rimas consonantes "casa" con "raza", "calle" con "raye", mientras que en España y otras partes del mundo hispanohablante serían asonantes. Asimismo, si el hablante pronuncia "Madriz" por "Madrid", entonces rimará con "feliz".

La rima es un recurso conocido desde muy antiguo, aunque no cobró la posición central que hoy tiene hasta la Edad Media. La retórica clásica la consideraba una clase de homoiotéleuton, "terminación similar" de dos o más palabras y podía usarse ocasionalmente en prosa para reforzar las simetrías de los isocola, como hizo por ejemplo Fray Antonio de Guevara en el siglo XVI. También los árabes utilizaron una forma de prosa rimada. La rima aparece también tempranamente en textos mágicos, en los que se otorga un valor supersticioso a la semejanza de las palabras.

Al asociar entre sí dos palabras con independencia de su significado y de la intención del hablante, la rima funciona de manera similar al azar objetivo surrealista. Con frecuencia, dos palabras que riman en consonante, como camino y destino, suerte y muerte, están también vinculadas semánticamente por analogía o contigüidad. El poeta que compone con rima consonante está continuamente hallando (o inventando) una relación significativa entre los términos que el azar le da relacionados.

viernes, 27 de marzo de 2009

Historia de la literatura infantil

La crítica literaria moderna considera esencial el carácter de "literatura" dentro de este tipo de escritos, por lo que hoy se excluye, de la producción actual los textos básicamente morales o educativos, aunque todavía siguen primando estos conceptos en toda la LIJ dado el contexto educativo en el que se desarrolla su lectura. Esta es una concepción muy reciente y casi inédita en la Historia de la Literatura.


Breve historia de la literatura infantil

La literatura para niños ha pasado de ser una gran desconocida en el mundo editorial a acaparar la atención del mundo del libro, donde es enorme su producción, el aumento del número de premios literarios de LIJ y el volumen de beneficios que genera. Esto se debe en gran parte al asentamiento de la concepción de la infancia como una etapa del desarrollo humano propia y específica, es decir, la idea de que los niños no son, ni adultos en pequeño, ni adultos con minusvalía, se ha hecho extensiva en la mayoría de las sociedades, por lo que la necesidad de desarrollar una literatura dirigida y legible hacia y por dicho público se hace cada vez mayor.

La concepción de infancia o niñez, no emerge en las sociedades hasta la llegada de la Edad Moderna y no se generaliza hasta finales del siglo XIX. En la Edad Media no existía una noción de la infancia como periodo diferenciado y necesitado de obras específicas, por lo que no existe tampoco, propiamente, una literatura infantil. Eso no significa que los menores no tuvieran experiencia literaria, sino que esta no se definía en términos diferenciados de la experiencia adulta. Dado el acaparamiento del saber y la cultura por parte del clero y otros estamentos, las escasas obras leídas por el pueblo pretendían inculcar valores e impartir dogma, por lo que la figura del libro como vehículo didáctico está presente durante toda la Edad Media y parte del Renacimiento. Dentro de los libros leídos por los niños de dicha época podemos encontrar los bestiarios, abecedarios o silabarios. Se podrían incluir en estas obras algunas de corte clásico, como las fábulas de Esopo, en las que, al existir animales personificados, eran orientadas hacia este público.

Llegado el siglo XVII, el panorama comienza a cambiar y son cada vez más las obras que versan sobre fantasía, siendo un fiel reflejo de los mitos, leyendas y cuentos, propios de la trasmisión oral, que ha ido recopilando el saber de la cultura popular mediante la narración de estas, por parte de las viejas generaciones a las generaciones infantiles. Además de escribir estas obras o cuentos, donde destacan autores como Charles Perrault o Madame Leprince de Beaumont, destaca la figura del fabulista, como Félix María de Samaniegoo Tomás de Iriarte. En esta época, además, ocurren dos acontecimientos trascendentes para la que hoy se conoce como Literatura Infantil, la publicación, por un lado, de Los viajes de Gulliver-Jonathan Swift- y, por otro, de Robinson Crusoe -Daniel Defoe-, claros ejemplos de lo que todavía hoy, son dos temas que reúne la LIJ: los relatos de aventuras y el adentrarse en mundos imaginados, inexplorados y diferentes.

Una vez llegado el siglo XIX con el movimiento romántico, arriba el siglo de oro de la literatura infantil. Son muchos los autores que editan sus obras con una extraordinaria aceptación entre el público más joven. Son los cuentos (Hans Christian Andersen, Wilhelm y Jacob Grimm y Oscar Wilde en Europa, y Saturnino Calleja y Fernán Caballero en España) y las novelas como Alicia en el país de las maravillas -Lewis Carroll-, La isla del tesoro -Robert L. Stevenson-, El libro de la selva de Rudyard Kipling, Pinoccio -Carlo Collodi-, las escritas por Julio Verne o Las aventuras de Tom Sawyer entre otras, las que propiciaron un contexto novedoso para la instauración de un nuevo genero literario destinado al lector más joven en el siglo XX, donde la ingente producción de LIJ coexiste con las obras del género adulto.

Son muchas las obras de renombre por citar de la LIJ, como es el caso de Peter Pan, El Principito, El viento en los sauces, Pippi Calzaslargas o la colección de relatos sobre la familia Mumin; en todas ellas destaca una nueva visión que ofrecer al pequeño lector, donde, además de abordar los temas clásicos como las aventuras o el descubrimiento de nuevos mundos, se tratan la superación de los miedos, la libertad, las aspiraciones, el mundo de los sueños y los deseos, como actos de rebeldía frente al mundo adulto. Esta producción aumenta considerablemente en las décadas de los 70, 80 y 90, con autores como Roald Dahl, Gianni Rodari, Michael Ende, J. J. Sempé o Christine Nöstlinger entre otros. En este siglo XX, además, aparecen nuevos formatos de la LIJ gracias a las técnicas pictóricas y la ilustración de las historias, donde las palabras son acompañadas de imágenes que contextualizan la narración y aportando nexos de unión a la historia, es la aparición del libro-álbum o álbum ilustrado, género en el que destacan autores como Maurice Sendak, Janosch, Quentin Blake, Leo Lionni o Babette Cole.

Ya, en el siglo XXI, la LIJ se encuentra muy consolidada dentro de los países occidentales, donde las ventas son enormes y la producción literaria vastísima.

miércoles, 25 de marzo de 2009

Declamación



Y... ¿Qué es una declamación?


La declamación es un arte escénico como lo son el teatro y la danza, en el sentido que se desarrolla frente a un público que observa y escucha, que participa siendo testigo ocular y auditivo del arte representado. Es cierto que una declamación puede grabarse y su audio puede ser escuchado – como se escucharía una obra de teatro – pero algunos comentarán que se pierde mucho del arte escénico sin la imagen visual del declamador.

Podríamos decir que la declamación es la interpretación de un poema, buscando profundizar su mensaje con el uso armonioso de la voz y la sutileza del gesto. La declamación busca cautivar al espectador para que vibre con el sonido y significado de las palabras, acentuando con el gesto y el movimiento aquellos versos o palabras que destaquen el sentimiento y la emoción contenida en el poema. Muchos autores han tratado de diferenciar declamación y recitación, aunque en la actualidad ambos términos se utilizan como sinónimos. Estos autores hacen énfasis en que la recitación excluye el uso del gesto y concentra todo su arte en la voz y su modulación. En el siglo XIX y principios del XX esta diferencia era muy notoria en cuanto la gesticulación dentro de la declamación era muy expresiva, con mucho movimiento de manos, desplazamientos en escena, uso de elementos visuales y en algunos casos el uso de varios disfraces en el curso de una misma declamación. Todo esto ha ido desapareciendo en la declamación moderna y en la actualidad la declamación clásica es considerada excesiva y teatral.

Ayer veíamos la declamación de Carmen Feito, hoy les dejamos otra declamación, esperamos que les guste